
Preoperatorio
Valoración médica completa: anatomía, estado de salud y objetivos. De ahí salen el tipo de implante y la técnica, no al revés.
La operación no se elige de un catálogo: se diseña sobre tu anatomía, tus objetivos y una valoración médica previa. Eso es lo que decide el implante, el plano y el volumen.
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Es la duda que más se busca y la que más cambia el resultado. El implante puede quedar por debajo del músculo pectoral o entre la glándula y el músculo. No hay una opción mejor en abstracto: depende del tejido propio y del resultado buscado, y se decide en la valoración.
Las vías de incisión, los dos planos y los casos en los que la cirugía no está indicada están desarrollados en la cirugía de aumento de pecho paso a paso.
Subglandular. El implante queda entre la glándula y el músculo, con tejido mamario propio por encima. Es una opción cuando existe tejido suficiente para cubrirlo.
Submuscular. El implante queda bajo el músculo pectoral, que pasa por encima de él. La transición en el polo superior es más suave y suele indicarse cuando hay poco tejido mamario propio.
Inframamaria. En el pliegue que queda bajo el pecho. Es la vía más habitual.
Periareolar. Alrededor de la areola, siguiendo su borde.
Axilar. En la axila. Se usa en menor medida.
De la primera consulta a las revisiones, cada fase está definida antes de empezar para que sepas qué va a pasar y cuándo.

Valoración médica completa: anatomía, estado de salud y objetivos. De ahí salen el tipo de implante y la técnica, no al revés.

Entre una y dos horas, bajo anestesia. Se coloca el implante siguiendo la planificación previa, sin improvisar el plano ni el volumen.

Los primeros días se controlan la inflamación y las molestias. Las revisiones quedan pautadas desde el alta para seguir la evolución.
Cuatro decisiones que se toman en consulta, sobre tu anatomía y no sobre un catálogo.
Las formas, las texturas y los rellenos, comparados uno al lado del otro, están en tipos de prótesis mamarias. Y si además del volumen lo que hay es descenso, la cirugía que corrige la posición está explicada en elevación de pecho, con sus grados y sus cicatrices.
Reparte el volumen por igual arriba y abajo, así que marca más el polo superior. Se elige cuando se busca proyección visible.
Tiene forma de gota: más volumen abajo que arriba. Reproduce la caída natural del pecho cuando la prioridad es que no se note operado.
Cuando además del volumen hay descenso del pecho, el implante se combina con una mastopexia para recolocar el tejido.
Los implantes no son permanentes. Cuando toca sustituirlos se replantea el plano y el volumen, no se repite el anterior por inercia.
Lo que la clínica publica sobre cómo van los días después, sin promesas de plazo que dependan de cada caso.
Qué conviene evitar durante esas semanas lo explica la doctora en qué no hacer tras un aumento de pecho, y hay más en el blog de la clínica.
La cirugía la realiza la Dra. Alba Perales, en Clínica Renacek, en el centro de Zaragoza. La misma persona que valora en consulta es la que interviene y la que hace el seguimiento posterior.
Saber quién te va a operar no es un detalle: la propia web lo dice en sus preguntas, cuando se realiza por un cirujano cualificado y tras una correcta valoración médica, el aumento de pecho es una intervención segura.
Las mismas fotos que la clínica ya publica. Cada pareja es un caso, antes y después, a la misma escala y sin recortar.



El precio depende del tipo de prótesis, de la técnica y de las pruebas y revisiones que incluya cada caso, así que se concreta en la primera consulta, una vez valorada tu anatomía.
Qué tiene que incluir un presupuesto y cómo se paga está en precio del aumento de pecho en Zaragoza.
| Intervención | Precio orientativo |
|---|---|
| Aumento de pecho con prótesis | 3.500 – 5.000 € |
| Aumento + mastopexia (elevación) | 5.500 – 7.500 € |
| Cambio de prótesis | 3.000 – 5.000 € |
| Cirugía de revisión | 3.500 – 6.000 € |
Las dudas que más se plantean antes de operarse, por el momento en que aparecen. Aquí está lo general; tu caso se valora explorando, en la primera consulta.
En términos generales lo es una mujer mayor de edad, con el pecho ya desarrollado, buen estado de salud y expectativas realistas sobre el resultado. Lo que decide de verdad no es el deseo de volumen sino la anatomía: la cantidad de tejido propio, la calidad de la piel, la posición de la areola y la forma de la caja torácica. Eso se valora explorando en consulta, no por teléfono ni por una foto.
Las prótesis no se miden en tallas de sujetador sino en centímetros cúbicos, y el mismo volumen da resultados distintos en dos mujeres según su ancho de tórax y el tejido que ya tienen. Por eso en consulta se habla de la base del implante y del volumen en centímetros cúbicos: la talla es una consecuencia aproximada, nunca el punto de partida.
En la consulta se prueban volúmenes con implantes de muestra dentro de un sujetador, para hacerse una idea sobre el propio cuerpo, y se revisan resultados de casos con una anatomía parecida. Es una aproximación honesta, no una simulación exacta: el pecho definitivo depende también de cómo se adapten los tejidos con los meses.
No existe un implante mejor de forma general. La elección depende de factores como la anatomía, la cantidad de tejido mamario, los objetivos estéticos y el estilo de vida. Durante la valoración médica se determina el tipo, tamaño y forma de implante más adecuados para cada paciente.
Los implantes pueden colocarse por encima del músculo (subglandular), por debajo del músculo (submuscular) o en una posición mixta. La elección de la técnica influye en el resultado estético, la recuperación y la naturalidad del pecho.
A partir de los 18 años y siempre con el desarrollo mamario terminado. Antes de esa edad el pecho todavía puede cambiar, así que operar demasiado pronto compromete el resultado. En casos de malformación, como la mama tuberosa, la valoración puede adelantarse, pero sigue siendo una decisión médica individual.
Depende de cuánto haya descendido la areola respecto al pliegue del pecho. Si el descenso es leve, una prótesis rellena y da sensación de elevación. Si es marcado, la prótesis sola aumenta el volumen pero no sube el pecho, y hace falta añadir una elevación o mastopexia, que reposiciona la areola y retira el exceso de piel. Confundir los dos casos es el motivo más frecuente de decepción con el resultado.
Sí, y conviene saber que cierta asimetría es lo normal: casi ninguna mujer tiene los dos pechos idénticos. Cuando la diferencia es evidente se corrige usando prótesis de volúmenes distintos en cada lado, y a veces combinando técnicas. El objetivo es equilibrar, no conseguir una simetría perfecta que tampoco existe en un pecho sin operar.
Es una malformación del desarrollo mamario en la que la base del pecho es estrecha, el surco está elevado y la areola aparece dilatada, con el tejido herniado hacia ella. No es un pecho pequeño sin más, y por eso no se corrige solo poniendo una prótesis: hay que liberar el tejido, rehacer el surco y con frecuencia reducir la areola. Se gradúa por niveles según cuánta base falte.
Es una de las consultas más frecuentes. Tras la lactancia la glándula se reduce y la piel queda con más continente que contenido, así que el pecho se ve vacío sobre todo en la parte alta. Si la piel está en buen sitio, una prótesis lo rellena; si además ha caído, se combina con una elevación. La valoración sirve para distinguir esos dos escenarios, que piden cirugías distintas.
Sí, se llama lipotransferencia: se extrae grasa de otra zona con liposucción y se injerta en el pecho. Da un aumento moderado, de aspecto muy natural y sin implante, pero parte de la grasa se reabsorbe, a veces hace falta más de una sesión y no sirve para grandes aumentos ni para elevar un pecho caído. Es buena opción para un cambio sutil o para refinar los bordes de una prótesis.
No de forma real y duradera. Ni cremas, ni aparatos, ni ejercicios aumentan la glándula mamaria: el pectoral está por debajo del pecho y trabajarlo no añade volumen mamario. Lo único que cambia el tamaño de manera permanente es una cirugía, con prótesis o con grasa propia. Cualquier promesa distinta conviene mirarla con desconfianza.
Las incisiones más habituales son la inframamaria, en el pliegue bajo el pecho, la periareolar, alrededor de la areola, y en menor medida la axilar. La técnica se elige en función del tipo de implante y de las características de la paciente.
La más usada es la del pliegue submamario, que queda escondida bajo el propio pecho y es difícil de ver de frente o en bañador. Toda cicatriz pasa por una fase enrojecida y más visible durante los primeros meses, y después va aclarando y aplanando a lo largo del primer año. Cuidarla y protegerla del sol influye bastante en cómo queda al final.
La cirugía suele durar entre una y dos horas. Se realiza bajo anestesia y, en la mayoría de los casos, no requiere ingreso hospitalario prolongado, pudiendo volver a casa el mismo día.
Se opera con anestesia general, con un anestesista en quirófano durante toda la intervención. En la mayoría de los casos no hace falta ingreso prolongado y se vuelve a casa el mismo día, tras unas horas de observación. Conviene organizar que alguien conduzca de vuelta y acompañe la primera noche.
Las molestias se concentran en las primeras 48 a 72 horas y se describen más como presión y tirantez en el pecho que como dolor punzante. Se controlan bien con la medicación pautada. Suele molestar algo más cuando el implante va por debajo del músculo, porque hay que despegarlo, y afloja con rapidez a partir del tercer o cuarto día.
Lo habitual es un análisis de sangre con estudio de coagulación, un electrocardiograma y la valoración del anestesista, además de la exploración mamaria y, según la edad y los antecedentes, una ecografía o una mamografía previa. Sirve para confirmar que la cirugía es segura en tu caso y para dejar constancia del estado del pecho antes de operar.
Fumar no impide la cirugía, pero empeora la cicatrización y aumenta el riesgo de complicaciones, porque la nicotina reduce el riego de los tejidos. Lo recomendable es dejarlo varias semanas antes y mantenerse sin fumar durante toda la recuperación. Es una de las pocas cosas que la paciente controla por completo y que de verdad cambia el resultado.
Cuando se realiza por un cirujano cualificado y tras una correcta valoración médica, el aumento de pecho es una intervención segura. El seguimiento antes y después de la cirugía es clave para minimizar riesgos y asegurar buenos resultados.
La recuperación inicial suele durar unos días, con inflamación y molestias controlables con medicación. La mayoría de las pacientes retoman actividades cotidianas suaves en una semana, aunque el ejercicio físico debe evitarse durante varias semanas según indicación médica.
Con un trabajo de oficina lo habitual es volver en una o dos semanas. Si el trabajo exige esfuerzo físico, cargar peso o levantar los brazos de forma repetida, el plazo se alarga hasta que el cirujano lo autorice. No es una cifra fija: depende del tipo de trabajo y de cómo vaya cada recuperación.
Desde el mismo día. Caminar por casa a las pocas horas no solo es posible sino recomendable, porque activa la circulación. Lo que se evita las primeras semanas no es moverse, sino el esfuerzo: cargar peso, empujar y levantar los brazos por encima de la cabeza.
La mayor parte de la hinchazón cede durante las primeras tres o cuatro semanas, y a partir de ahí el pecho va bajando y asentándose poco a poco. Es normal que un lado deshinche antes que el otro y que al principio el pecho se vea alto y duro: con las semanas desciende y se ablanda.
Boca arriba y con el tronco ligeramente elevado durante las primeras semanas. Dormir boca abajo está contraindicado al principio, porque presiona directamente sobre los implantes, y de lado suele resultar incómodo hasta que baja la inflamación. El cirujano indica cuándo se puede volver a la postura habitual.
Sí, el sujetador postoperatorio que indique el especialista, sin aro y con sujeción adecuada, durante el tiempo que se paute. No es un detalle menor: sostiene el implante mientras cicatriza y ayuda a que quede en su sitio. Los sujetadores con aro o demasiado ajustados se dejan para más adelante.
El ejercicio suave, como caminar, se retoma enseguida. Correr, saltar o los deportes de impacto esperan varias semanas, y el trabajo de pectoral es lo último en volver, sobre todo si el implante va bajo el músculo. Se reincorpora de forma gradual y siempre cuando el cirujano lo autorice.
Es la pregunta más repetida por las pacientes con niños pequeños, y conviene planificarla antes de operarse. Levantar peso está limitado durante las primeras semanas, así que lo sensato es organizar ayuda para ese periodo. El cirujano indica a partir de cuándo se puede cargar con normalidad según la evolución.
Al agua no se entra hasta que las heridas estén completamente cerradas y el cirujano lo autorice. Las cicatrices se protegen del sol durante varios meses, con protección alta o cubriéndolas: el sol sobre una cicatriz reciente la oscurece de una forma que después cuesta mucho corregir.
Aunque el cambio es visible desde el primer momento, el resultado final se aprecia tras varios meses, cuando la inflamación desaparece y los tejidos se adaptan completamente al implante.
Los implantes no tienen una fecha de caducidad exacta, pero no se consideran dispositivos permanentes. Con el paso del tiempo puede ser necesario realizar revisiones o una cirugía de recambio, dependiendo de la evolución y de cada caso.
Lo que protege no es un calendario de recambio, sino el seguimiento. La agencia española que vigila los implantes pide consultar ante cambios como un aumento brusco de volumen, dolor, endurecimiento o deformidad. Si no hay síntomas, no hay que operarse por el simple hecho de que hayan pasado unos años.
El cuerpo forma siempre una cápsula de tejido alrededor del implante. En algunas mujeres esa cápsula se engrosa y se contrae, lo que endurece el pecho y puede deformarlo o doler. Según la AEMPS afecta a alrededor de diez de cada cien mujeres a los diez años, y se gradúa en cuatro niveles según la firmeza y la deformidad.
Sí. Lo importante es avisar siempre al radiólogo de que llevas implantes, porque existen proyecciones específicas para desplazar la prótesis y ver bien la glándula. En algunos casos las prótesis pueden dificultar la lectura, y entonces se combina la mamografía con ecografía o resonancia.
En la mayoría de los casos, sí. La cirugía de aumento de pecho no suele afectar a la capacidad de lactancia, especialmente cuando el implante se coloca por debajo del músculo y se respetan las estructuras glandulares. No obstante, cada caso debe valorarse de forma individual en consulta.
El embarazo y la lactancia no dañan las prótesis, pero sí cambian el pecho: la glándula crece y luego se reduce, y la piel puede quedar más laxa. Por eso algunas mujeres prefieren esperar si tienen previsto ser madres a corto plazo. No es una contraindicación, es una conversación que conviene tener en la consulta.
Sí. La retirada de implantes es una cirugía posible y a veces se hace por decisión personal, sin que exista ningún problema médico. Al quitarlas el pecho vuelve a su volumen propio, que después de años con implante puede quedar con más piel de la necesaria, así que en ocasiones se combina con una elevación en el mismo acto.
Depende sobre todo del tejido propio que haya para cubrir el implante y de un volumen bien elegido. Con suficiente cobertura y un tamaño proporcionado a la base del pecho, el resultado es natural al tacto y a la vista. Los pechos que se reconocen a distancia suelen ser los de volumen desproporcionado respecto al tórax, que es justo lo que se valora en consulta.
Depende del tipo de prótesis, de la técnica quirúrgica y de las pruebas y revisiones que incluya cada caso, así que se concreta en la primera consulta. Como referencia, en Zaragoza suele situarse entre 3.500 y 7.000 euros.
Un presupuesto completo incluye los honorarios del cirujano, el anestesista, el quirófano, las prótesis, el material y las revisiones posteriores. Las prótesis por sí solas pueden suponer entre 600 y 1.200 euros, así que un precio que no las incluya no es comparable con uno que sí.
Sí, la cirugía se puede financiar. Las condiciones concretas y los plazos se ven en la consulta, junto con el presupuesto cerrado, para que no haya sorpresas después.
No. La primera consulta de valoración con el cirujano es gratuita. En ella se explora, se resuelven dudas y se sale con un presupuesto concreto para tu caso, sin compromiso.
Un aumento de pecho con finalidad estética no lo cubre la sanidad pública ni los seguros privados. Sí pueden cubrirse las cirugías con indicación médica documentada, como la reconstrucción tras una mastectomía o la corrección de una malformación. Tampoco es deducible en la declaración de la renta salvo en esos supuestos.
Después de la primera valoración hay que completar el estudio preoperatorio y la visita con el anestesista, así que lo habitual son algunas semanas. La fecha se ajusta a la agenda de la paciente, que es lo que suele mandar cuando hay que organizar los días de baja o la ayuda en casa.
El primer paso es una consulta médica personalizada. En ella se analizan tus objetivos, tu anatomía y las opciones quirúrgicas más adecuadas para tu caso, resolviendo tus dudas con claridad.
Clínica Renacek
Calle San Vicente Mártir 17, Local
50008 Zaragoza