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Qué talla me va a quedar: cómo se elige el volumen

Dos prótesis mamarias de distinto tamaño sobre la mesa de la consulta mientras se comparan para elegir el volumen

Es la pregunta número uno de la consulta, y casi siempre llega con la misma forma: «yo quiero quedarme en una 95C». La respuesta honesta es que esa no es la unidad con la que se trabaja, y que el margen para elegir es más estrecho de lo que parece, porque hay un dato tuyo que manda por encima de la preferencia: el ancho de la base de tu pecho.

Esto no es una pega, es lo que hace que un resultado se vea natural o se vea puesto. Aquí está explicado de dónde sale cada decisión.

Los centímetros cúbicos no son tallas

Las prótesis se miden en centímetros cúbicos de volumen, no en tallas de sujetador. Y no hay tabla de conversión posible, por un motivo muy simple: la talla de sujetador depende de dos medidas tuyas (el contorno bajo el pecho y el contorno del pecho), y depende además de la marca, que no es ninguna broma porque entre dos fabricantes hay diferencias reales.

Por eso los mismos 300 cc pueden dar una talla en una mujer con el tórax estrecho y otra distinta en una mujer con el tórax ancho, sin que haya nada raro en ninguna de las dos. La talla es una consecuencia aproximada del resultado, nunca el punto de partida de la elección.

Como regla de orientación se suele decir que hacen falta alrededor de 150 a 200 cc para subir una talla, pero es orientación y no promesa. Quien te garantice una talla exacta te está garantizando algo que no controla.

Lo que de verdad manda: el ancho de tu base

El pecho apoya sobre el tórax en una superficie que tiene una anchura concreta, y esa anchura se mide. Es el dato que más condiciona la elección, porque el implante tiene que caber dentro de esa base.

Si se elige un implante más ancho que la base, pasan cosas que se ven: los bordes se marcan, el pecho se va hacia la axila, se junta demasiado en el centro y el tejido que lo cubre sufre. Si se elige uno más estrecho, queda un pecho con forma de bola en medio de un tórax que le queda grande.

Así que el orden real de la decisión es este: primero se mide la base y eso acota la anchura del implante; después, dentro de los implantes que tienen esa anchura, se elige el volumen. No al revés.

La proyección: el mismo volumen, tres pechos distintos

Aquí está el margen que casi nadie conoce, y es el que permite ajustar el resultado sin salirse de la base.

Para una misma anchura, los fabricantes ofrecen perfiles distintos: bajo, moderado y alto. Cambia cuánto sobresale el implante hacia delante.

  • Perfil bajo: más ancho y menos saliente. Da un pecho extendido y discreto, y es el que mejor rellena cuando lo que falta es superficie.
  • Perfil moderado: el equilibrio, y el más usado.
  • Perfil alto: menos ancho y más saliente. Da más volumen sin ocupar más base, que es justo lo que hace falta en un tórax estrecho.

Dicho de otra manera: dos mujeres pueden llevar los mismos 300 cc y tener un pecho muy distinto, porque uno está repartido a lo ancho y el otro hacia delante.

Por qué el mismo implante queda distinto en dos mujeres

Además de la base y del perfil, hay tres cosas tuyas que cambian el resultado con el mismo implante dentro:

  • El tejido que tienes. Cuanta más glándula y más grasa haya cubriendo el implante, más se disimula su forma y más natural queda. Con poco tejido, la forma del implante se transparenta más, y eso pesa a la hora de decidir dónde va colocado.
  • El punto de partida del pecho. Un pecho que ya ha caído no se coloca en su sitio por meterle volumen: el implante rellena, pero no sube. Si la areola está por debajo del surco, lo que hace falta es combinar con una elevación.
  • La forma de tu tórax. Un tórax curvado, uno plano y uno con asimetría de costillas reparten el mismo volumen de tres maneras distintas.

Cómo se prueba antes de decidir

No hay que elegir a ciegas ni de memoria. En la consulta se usan dos herramientas, y conviene usar las dos porque miden cosas distintas:

  • Los sizers, que son prototipos de volumen que se introducen en el sujetador. Son toscos y no reproducen el resultado final, pero dan algo que ninguna pantalla da: te ves de pie, vestida, delante de un espejo, y te haces una idea del bulto real en tu cuerpo.
  • La simulación 3D, con software tipo Vectra M3. Te enseña el volumen sobre tu propio cuerpo escaneado y permite comparar opciones una al lado de otra.

Lo que ninguna de las dos es: una fotografía del futuro. La simulación es una aproximación, y el pecho definitivo depende también de cómo se adapte tu tejido durante los meses siguientes. Sirve para comparar opciones, no para firmar un resultado.

El error de llegar con una foto

Llevar fotos a la consulta está bien y ayuda muchísimo, pero para lo que sirven es para enseñar qué estilo te gusta: más natural o más marcado, más redondo arriba o con caída, más discreto o más visible. Eso es información utilísima.

Para lo que no sirven es para copiar el resultado. La mujer de la foto tiene otra base, otro tejido, otro tórax y a veces otra estatura, así que con el mismo implante no te quedaría ese pecho. Si alguien te promete el pecho de una foto, desconfía.

Redonda o anatómica: qué cambia en la forma

La otra decisión que afecta a cómo se ve el volumen es la forma del implante. La redonda reparte el volumen por igual y llena más el polo superior, o sea el escote. La anatómica, con forma de gota, concentra el volumen abajo e imita mejor la pendiente de un pecho natural.

Ninguna es mejor que la otra en abstracto: depende de tu pecho de partida y del resultado que busques. Está desarrollado en la página de tipos de prótesis.

Quedarse corta o pasarse

De los dos errores, el segundo cuesta más caro, y conviene saberlo antes.

Quedarse corta se vive como una decepción: el cambio es menor de lo que esperabas y con el tiempo puede darte por cambiarlo. Es un problema de expectativa, y se arregla en una segunda cirugía si merece la pena.

Pasarse es otra cosa. Un implante demasiado grande para tu base no solo se ve artificial: apoya sobre un tejido que no estaba preparado para ese peso, y con los años favorece que la piel ceda, que el pecho caiga antes y que los bordes se marquen. Es la razón por la que un cirujano te va a decir que no a un volumen que no te corresponde, aunque tú lo pidas.

Ese «no» no es un capricho suyo: es la parte del trabajo que se nota diez años después.

En resumen

  • Las prótesis se miden en centímetros cúbicos, no en tallas, y no hay conversión fiable entre las dos cosas.
  • Lo primero que se mide es el ancho de tu base mamaria, y eso acota qué implantes caben.
  • Dentro de esa anchura, el perfil (bajo, moderado o alto) decide cuánto sobresale el pecho.
  • El mismo implante queda distinto según el tejido que lo cubre, la caída de partida y la forma del tórax.
  • Los sizers y la simulación 3D sirven para comparar opciones, no para garantizar un resultado.
  • Las fotos valen para enseñar el estilo que te gusta, nunca para copiar un pecho.
  • Pasarse de volumen para tu base se paga con el tiempo: es el único error de esta lista que no se corrige solo con querer.

La forma de salir de dudas es medir: en la valoración se toma el ancho de la base, se prueban volúmenes y se ve qué rango tiene sentido en tu caso. Es gratuita, y de ahí sale también el presupuesto cerrado.

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