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¿Cuánto duran las prótesis mamarias?

Cuanto-duran-las-protesis: paciente y cirujano demuestran un implante mamario de silicona para un procedimiento de mamoplastia y aumento

Es la pregunta que más se repite en consulta y la que peor se contesta en internet, casi siempre con un número: diez años, quince, toda la vida. La respuesta honesta es que no hay un número, y que el organismo que regula estos productos en España lo dice con esas palabras.

No caducan en una fecha fija, pero tampoco duran para siempre

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, que es quien vigila los implantes mamarios en España, lo deja escrito sin rodeos en su información para pacientes: los implantes no tienen garantía de duración de por vida y podría ser necesaria su sustitución o retirada.

Y va más allá, con una frase que conviene leer despacio antes de operarse: existe una alta probabilidad de necesitar una cirugía de reemplazo en algún momento. No es una advertencia para asustar, es lo que hay que saber para decidir con la información completa.

Sobre cuánto tiempo pasa hasta entonces, la propia agencia explica por qué nadie puede darte una cifra: la media de duración es prolongada, pero la variabilidad individual es tan grande que la duración en un caso concreto resulta impredecible.

Entonces, ¿por qué se oyen siempre los diez o quince años?

Porque es el plazo en el que muchas mujeres se plantean un cambio, no porque el implante tenga fecha de caducidad. Los motivos suelen ser de dos tipos.

Unos son del propio implante: una rotura, o una contractura capsular que endurece el pecho. Otros no tienen nada que ver con la prótesis y sí con la vida: un embarazo, una lactancia, un cambio de peso importante o sencillamente el paso del tiempo, que modifican el tejido de alrededor y hacen que el resultado deje de encajar con lo que se buscaba.

Por eso hay mujeres que llevan sus implantes muchos más años sin tocarlos y otras que piden un ajuste antes. Ninguna de las dos cosas es anormal.

La rotura: cómo se nota y cómo no

Aquí hay una diferencia importante según el relleno, y la agencia la explica bien.

En los implantes de suero salino, una rotura se evidencia por la pérdida rápida de volumen del pecho. Se ve, y se ve pronto.

En los de gel de silicona, que son los que se usan hoy en la inmensa mayoría de los casos, la rotura la mayor parte de las veces pasa inadvertida. Se detecta en mamografías u otros estudios radiológicos rutinarios, o se manifiesta como una deformidad de la mama, nódulos o bultos en la axila.

Esa es la razón de fondo de todo lo que viene después: como una rotura de silicona puede no dar síntomas, lo que protege no es cambiar el implante por calendario, sino el seguimiento.

La contractura capsular

El cuerpo forma siempre una cápsula de tejido alrededor del implante. En algunas mujeres esa cápsula se engrosa y se contrae, lo que endurece el pecho y puede deformarlo o doler. Según la AEMPS, afecta a alrededor de diez de cada cien mujeres a los diez años, y se gradúa en cuatro niveles según la firmeza y la deformidad.

Conviene decirlo tal cual lo dice la agencia: nunca se puede garantizar que no ocurra. Es un riesgo propio de la intervención, no un fallo de la cirugía ni de la marca del implante. Cuando ocurre y molesta, se trata.

Qué hacer mientras tanto: seguimiento, no calendario

De todo lo anterior sale una conclusión práctica y tranquilizadora: si no hay síntomas, no hay que operarse por el hecho de que hayan pasado X años. Lo que toca es el seguimiento, y avisar cuando algo cambie.

Los signos que merecen una consulta, siguiendo lo que la propia agencia pide vigilar, son un aumento brusco del volumen de la mama, un endurecimiento nuevo, un bulto, inflamación, dolor o cambios en la piel de la zona.

Un apunte sobre la mamografía

Dos cosas que casi nunca se cuentan y que conviene saber si te haces revisiones.

La primera: las prótesis pueden dificultar el diagnóstico radiológico, de forma excepcional, y por eso a veces hace falta combinar mamografía, ecografía y resonancia. Informar siempre al radiólogo de que llevas implantes no es un formalismo, cambia cómo se hace la prueba.

La segunda, menos conocida: existe un riesgo residual de rotura al realizar una mamografía por la presión que ejerce. Es bajo, y no es motivo para dejar de hacerse las revisiones, que siguen siendo lo importante. Es motivo para avisar.

Y la lactancia, que también se pregunta mucho

Poder dar el pecho después depende de la glándula que hubiera antes, de la sensibilidad de la areola tras la cirugía y de cómo queden los conductos. La vía de entrada influye: la periareolar, la que rodea la areola, es la más susceptible de ocasionar pérdida de lactancia, y por eso se valora en consulta cuando la maternidad está en los planes.

Sobre el niño, la agencia es clara y vale la pena citarlo: no existen evidencias de aumento de enfermedades en los lactantes.

En resumen

  • Los implantes no tienen fecha de caducidad, pero tampoco garantía de por vida.
  • Es probable que en algún momento haga falta un recambio, y cuándo no se puede predecir.
  • Una rotura de silicona puede no notarse, así que lo que protege es el seguimiento.
  • La contractura capsular afecta a unas diez de cada cien mujeres a los diez años y nunca se puede garantizar que no ocurra.
  • Sin síntomas, no se opera por calendario.

Si estás valorando un aumento de pecho, o ya lo llevas y te ha surgido alguna de estas dudas, la consulta de valoración es el sitio donde esto se mira sobre tu caso concreto.

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